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¿Para qué sirven los duplicadores en una oficina?

La tecnología va evolucionando a fin de hacernos la vida más sencilla y el trabajo más eficiente. Es el caso de las impresoras, que nos permiten llevar al papel lo que hemos estado elaborando en digital. Sin embargo, su uso repetitivo conlleva a grandes gastos, principalmente por el alto valor de los tóner o tintas. Es aquí donde las duplicadoras toman un protagonismo especial.
Hablamos de una máquina que es capaz de digitalizar una imagen, procesarla, corregirla y finalmente copiarla, pudiendo hacerlo una infinidad de veces mediante una sola orden. Esto resulta particularmente útil cuando se requiere imprimir grandes cantidades de un mismo documento, sin tener que invertir tiempo ni presupuesto.
Un duplicador digital alcanza una velocidad promedio de 60 a 80 copias por minuto en calidad económica.
En un principio las impresoras sólo actuaban con imágenes en blanco y negro, el color llegó de la mano de la empresa japonesa Cannon en 1973. Luego, en 1986, se perfeccionaron y concretaron la duplicadora color en láser.
¿Cómo funciona una fotocopiadora?
Existen dos tipos de este tipo de máquinas:
– Xerográficas: Aquí el documento original es barrido por un rayo de luz fuerte que proyecta la imagen sobre un tambor giratorio de zona fotosensible y que se carga electrostáticamente en correspondencia con ésta. Sobre el tambor se distribuye un polvo pigmentado, llamado tóner, que se adhiere a las zonas electrizadas (o sea, donde hay imagen), reproduciendo el escrito o dibujo original. Luego es transportada al papel de la fotocopiadora, el cual finalmente se calienta para fijar de modo definitivo el pigmento sobre la copia.

– Electroestáticas: Aquí la imagen a copiar se proyecta directamente sobre el papel, cuya superficie queda sensibilizada con cargas eléctricas. El papel se somete luego a un baño de tóner y las partículas se fijan en las zonas electrizadas de éste dando lugar a la copia final.